martes, 6 de enero de 2009

¿NOS JUGAMOS EL AMOR?




Repartimos la baraja, las cartas están sobre la mesa, el juego es prometedor, me emociona, siento el cosquilleo circular entre mis dedos al mezclar los naipes, como si barajara sueños e ilusiones. Si quieres empezamos a jugar…

- ¿Te apetece?
- Claro, ¿cómo no va a apetecerme?
- ¡Qué bien!
- Coge las cartas, están sobre la mesa.
- Es tu turno.
- Venga tira.
- Te toca otra vez.
- ¿Vas a tirar o no?
- Te toca repartir a ti.
- ¿Me estás escuchando? Te toca repartir a ti.
- No son ocho cartas, son siete.
- ¿En qué estás pensando?

No te preocupes, dejamos el juego para otro momento, yo sólo quería distraerme y este juego no me divierte. No te preocupes. Sigues pareciéndome un contendiente de talento pero será en otro momento. Guardemos la baraja y hablemos de otras cosas.
¿La idoneidad de una partida depende de quién o de cuándo?

2 comentarios:

Roberto dijo...

filosofas...has metido el dedo en la llaga, porque me has generado confusión. No tengo respuestas, simplemente me recreo en tus palabras...

un beso simultáneo María.

Anita dijo...

el amor es jugar y la partida se chafa cuando estas más pendiente de tu contendiente que del juego en sí.

En mi caso mejor que nadie juegue conmigo con lo competitiva que soy...:D nada de partidas a medias o empates!jaja

un beso María!